martes, 11 de enero de 2011

Juan del Granado y el Doctor Fausto

Hace cinco años, Del Granado fue tentado por Mefistófeles. Creyó en la posibilidad de un poder sin control que al mismo tiempo sea justo. (Publicado en Página 7)



Todos conocemos el cuento. El Doctor Fausto llega a un arreglo con el diablo: entregará su alma y a cambio recibirá la sabiduría que busca, y con ella lo que en verdad lo mueve: el poder. En el proceso comprende que el objetivo le exige más de lo que es posible, lo aleja de su verdadero ser, le quita humanidad. Se arrepiente de lo que hizo, pero ya es tarde, pues, como se sabe, es imposible dejar de pagar las deudas que involucran el poder.


Juan del Granado, uno de los nombres más respetados de la democracia boliviana, el perseverante perseguidor de García Mesa (único dictador latinoamericano en la cárcel), vive hoy una historia verdaderamente fáustica. Esta comenzó hace un lustro, cuando se presentó ante él, apenas disfrazado, un viejo conocido: el demonio del poder. Del Granado reconoció su olor sulfuroso y sus pezuñas asomando debajo de sus pantalones de hombre común, del atuendo de un trabajador de los tantos trabajadores que se afanan y luchan día a día, formando grandes multitudes. “Deja de lado lo que aprendiste desde la derrota de las socialistas bolivianos en los 70 –le dijo el demonio del poder–. Relativiza las garantías democráticas que aprendiste a valorar; vuelve a considerar el pluralismo político como una salvaguarda inventada por los reaccionarios para defender sus privilegios; súmate a la destrucción de todas las instituciones que construyó tu generación; deja que mis seguidores sumen ventaja sobre ventaja; aplaude la prepotencia y la agresión, si se cometen en mi nombre”, le dijo. “Mi nombre, que hoy es Cambio, ayer era Socialismo y siempre será Revolución”.

Del Granado, ex miembro de un partido que, al abandonar las armas, hizo la contribución clave a la democracia boliviana; ex diputado de una coalición democrática (MNR-MBL) que le permitió criticarla públicamente y catapultarse así a las alturas; el mejor alcalde de La Paz en décadas gracias a los pactos inter-partidarios que organizó en su concejo; y un hombre experto y educado… pese a todo, permitió que las marrulleras palabras del demonio del poder le nublaran los ojos.

“Entusiásmate –le dijo este–. Será posible hacer política sin tener que pensar en mí, que no es eso lo que pretendo, sino el puro beneficio de la gente. Confía –le dijo–. Contigo y con los otros (Pedro, Fabián, Marcela, Javier, pero sobre todo con Evo)… ustedes acabarán con las injusticias sin crear otras nuevas; y habrá líderes, pero no caudillos; y se prescindirá de límites y controles, con lo que la justicia social llegará antes y mejor; y todo incremento del poder del principal entre ustedes redundará en una mayor armonía para todos. Abandona, Juan, a esa criatura del cinismo y la amargura que los burgueses llaman ‘Estado de Derecho’. No le des la espalda, porque en este tiempo no es algo que convenga, pero sí muéstrale un indiferente costado. Piensa que si los maliciosos insisten en este esperpento es porque no confían en el hombre, en la llegada del hombre nuevo, en la alborada del hombre nuevo que ya es el militante investido del poder constituyente... Confía, Juan, en el hombre, confía en las multitudes, confía en que esta vez será diferente”.

Así habló el demonio, y Del Granado, pese a todas las advertencias en contra que había leído en los libros y los periódicos, se dejó convencer. Sentía muy cerca el gozo del poder y sus infinitas posibilidades…

Cinco años después, Fausto, enjuiciado por el poder, ¿se arrepiente de lo que hizo? En cualquier caso, debe recordar y pronunciar en público las viejas palabras que casi ya tenía olvidadas: “pluralismo”, “respeto del voto”, “justo proceso” y la más aborrecida “Estado de Derecho”. Cinco años después, la ilusión de un poder sin control y al mismo tiempo justo se le muestra como lo que es: una ilusión de Mefistófeles.

1 comentario:

  1. Una "Bellísima"(¿no estaré exagerando?) analogía con esa obra maestra de todos los tiempos del magnifico Goethe. Estoy seguro que Don Juan leyó esta obra, pero como se ve no es suficiente con leer muchos libros, sino como aplicarlos a la vida cotidiana en la que nos desenvolvemos. Lo felicito por tan brillante articulo aunque algo atrasado por que lo acabo de leer hoy, pero como el buen vino, los buenos libros y artículos como el suyo el tiempo los hace mejores felicidades.

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